Hola Wilma y Drokem,
Encantada de contaros mi historia de amor y desamor con el tabaco.
Pues fue allá por 6º de E.G.B. cuando ya se escuchaba en los baños aquello de
"la mujer que sabe fumar, echa el humo después de hablar" seguida de un
inevitable cof, cof cof...
Fumábamos el grupito de amigos, los mas enrollados, y nos saltábamos las clases
y las pasábamos detrás del colegio charlando y fumando. Comprábamos entre todos
un paquete de tabaco mentolado, que nos hacía menos daño en la garganta.
Recuerdo que un día en clase de francés en 2º de BUP me dic un golpe de tos y la
profesora me mandó al pasillo a fumarme un cigarro, así se me pasaría, me dijo.
Los profesores fumaban en las clases. Para nosotros fumar no solo no era algo
malo, sino que era casi medicinal, te quitaba la tos, te tranquilizaba, te hacia
concentrarte mas en los estudios, adelgazabas y en ayunas, era bueno para...
eso... como el bífidus.
Desde entonces no nos hemos separado, he celebrado con el mis mejores momentos y
me ha acompañado en momentos tristes, dándome paz y tranquilidad. Podía
olvidarme en casa las gafas de sol, la cartera, a mi madre... pero el paquete de
tabaco siempre iba conmigo, amigo inseparable. Últimamente fumaba casi dos
paquetes de fortuna al día. Cada paquete lo compraba en un kiosco distinto,
porque me daba vergüenza que viesen lo que fumaba. Sólo he confesado que fumaba
tanto cuando lo he dejado.
El día 20 de Noviembre de 2002 fui a una farmacia para comprarme algo para el
resfriado, le pregunte a la farmacéutica si tenia las pastillas de Zintabac para
dejar de fumar y que si aceptaba tarjeta. Salí de la farmacia con una sonrisa de
oreja a oreja y con un cosquilleo en el estómago, apretaba en el bolsillo la
caja de pastillas sabiendo que si, que algo importante iba a ocurrir en mi vida,
que había tomado una gran decisión.
Empecé inmediatamente el tratamiento y buscando información en Internet tropecé
con la maravillosa página de Rebbeca y allí, entre muchas otras cosas me
recomendaron que leyese el libro de Allen Carr. Así lo hice y el 28 de Noviembre
de 2002 fue mi primer día sin humo.
Desde entonces todo han sido sensaciones maravillosas, como si hubiese
traspasado una barrera y ahora estuviese al otro lado, en un entorno mejor, mas
limpio, mas respetuoso con el medio ambiente y con las personas que me rodean.
Empecé a mirar el mundo con los ojos puros de una niña, muy abiertos. Lo primero
que descubrí fueron los colores, intensos, vivos, sin esa cortina gris que antes
se interponía entre los dos. Y con los colores llegaban los aromas, los
respiraba con ansias, hasta llenarme de ellos. También descubrí el tacto, mi
mano ya no era una pinza, ahora tenia una mano completa con la que acariciar. No
he conseguido ahorrar ni dinero ni tiempo, pero porque ahora hago mas cosas. Sin
prisas por salir de ningún sitio, disfrutando el momento.
Hasta hoy solo puedo decir que cada día estoy más feliz por no fumar.
Un abrazo Drokem y Wilma, mucha suerte en vuestro proyecto conjunto y gracias
por dejarnos contar estas experiencias.
Pepa