Que, de original, tiene poco. No tengo
claro cuándo comencé a fumar. Me explico: con diez años, o así, robé un par de
cigarros o tres a mi abuelo, y los fumé a escondidas. Nunca más desde
entonces, había vuelto a probar un cigarro... Hasta que cumplí 19 o 20
años, en la Universidad y compartiendo piso con tres chicas más. Ninguna de
ellas fumaba, conste. Lo primero que se me ocurrió probar, una marca de tabaco
negro, "Habanos". Casi hecho las tripas en el intento. Preferí, una vez
terminada aquella cajetilla, pasarme al rubio, para probar que, realmente, era
más suave. Así me he mantenido durante varios años. He cambiado en tres o
cuatro ocasiones de marca de tabaco, para ir adaptando su coste, a mis
posibilidades. Nadie me puso cortapisas al fumar, de manera que,
afortunadamente, nunca lo tuve que hacer a escondidas, y tampoco he pasado
apuros económicos para comprar un paquete.
La causa de ese primer cigarro, a los 20
años, digo , un problema familiar. Pensé que encontraría una salida para mis
nervios, a través del tabaco. Además, mi mejor amiga había comenzado a fumar
hacía un año, o así, y a ella, no le iba mal.
En resumidas cuentas, que el problema
por el que compré aquel primer paquete de cigarros, no se solucionó con el
tabaco, ni mis nervios. Con el paso del tiempo, me convertí en una fumadora,
fumadora. De paquete y medio a dos por día. Mis compañeros, fuman en
el trabajo. Yo lo hacía también: en redacción, conduciendo, a mitad de comida,
después de desayunar... salvo al salir con Lucy, mi perra, al paseo diario,
fumaba. Tanto que me llevé dos o tres buenos sustos, en ocasiones de especial
estrés a lo largo del último año: en un momento de la noche, me despertaba, y
encendía un cigarro. Y, en esas dos o tres ocasiones, me quedaba dormida
nuevamente, con él encendido, entre los dedos. Uno de mis edredones, una
sábana y la almohada, tienen otros tantos recuerdos de semejante conducta
disparatada. Terminé prometiéndome que no volvería a ocurrir, que nunca más
encendería un cigarro en la cama, y opté por dejar el paquete fuera de la
habitación.
En fin, que a lo largo del último medio
año, una voz interior decía que debería plantearme dejar el tabaco. Mi voz
empezaba a estar "cascada". Mi novio no fuma, porque es asmático (bueno,
alguna vez echa un cigarro, pero de Pascuas a Ramos y desde que yo no lo hago,
él tampoco). Pero retomo el hilo...hace cuestión de un mes, escuché la
experiencia de una no fumadora: había conseguido dejarlo hace 1 año, y que no
le había resultado especialmente difícil pese a que su marido fuma (era su
tercer intento- paraba en sus embarazos). Había cogido diez kilos a cambio,
pero estaba contentísima de haber cambiado el tabaco por comida.
Pues bien, el 15 de agosto pasado, me
llevé un buen susto. Se escapó una de mis mascotas (Ghandi, un loro) y por más
que lo buscamos (es muy querida por todos) se vió obligado a pasar la noche
fuera de casa. Prometí dejar de fumar, de golpe, si aparecía sano y salvo. Lo
hizo al día siguiente, allí estaba, en medio de un maizal, silbando. Y, por
supuesto, no me quedó más remedio que cumplir con la promesa. Porque además,
me encargué de anunciarla a los cuatro vientos, ante gente que podría echarme
en cara que, de boquita para fuera, dejaba de fumar, pero que en la práctica,
ná de ná. Pues eso, desde que el día 16 de agosto, de madrugada, no he vuelto
a coger un cigarro.
Durante este tiempo, he pasado por
varias fases. He tenído dos o tres días con mono (sobre todo la primera
semana y otros dos o tres días más). Uno, de especial angusita, en el que me
planteé si tanto esfuerzo, habría merecido la pena. La respuesta, yo misma me
la daba, aunque también me habéis echado una mano en el foro. Por ahora, van
dos semanas y cuatro o cinco días sin fumar, y más de 560 cigarros
ahorrados... imaginaos, supongo que mis pulmones deben estar que no se lo
creen!.
En estos días de abstinencia total, he
llegado a varias conclusiones: fumar no te ayuda a controlar mejor tus
nervios, ni te concentras mejor, ni nada de eso. De manera que, si eres un
flan, como yo, vale más seguir siéndolo sin nicotina ni cáncer. Te ahorras
algunos cocos, si eres hipocondríaca. Al menos, dejas de pensar que tú misma
eres la causante directa de ese posible cáncer... (aunque no las tengo todas
conmigo, y pienso si estará en proyecto alguno, por mis años anteriores de
fumadora... prefiero no pensar en eso...
No hace falta nicotina alternativa para
dejar el cigarro (al menos, yo con chicles de menta, un palito de plástico
para revolver el azúcar del café, y algo de agua, además de ejercicio moderado
y un paseíto rápido o lavarse los dientes cuando tienes "el mono subido a la
oreja" ayudan mucho a sobrellevar la falta de nicotina". Y sobre todo, leer
mucho sobre la adicción, darse cuenta que uno es drogadicto; tener claro que el
mayor error que una puede cometer en el futuro, es fumar ese segundo "primer
cigarro"; y acudir al foro para leer experiencias ajenas y que te animen a no
fumar en los primeros días, ayudan a ser no fumadora. Ah, por cierto, tampoco
me he puesto a comer como una loca, fuera de horas. Sigo haciendo mis comidas,
iguales o muy similares a mis tiempos de fumadora.
Besos para todos.