Hola a todos,
Aunque me hago llamar rigodon cuando escribo en Internet, en la vida real me
llamo Roberto, tengo 32 años y soy de Madrid.
Buscando información en la red para dejar de fumar llegué a esta página, donde
he visto buen rollo y buena gente. He leído la mayoría de los mensajes de este
foro, he leído cosas que me han ayudado, y por tanto creo que es de justicia
intentar aportar algo, empezando por mi historia, que quizá le pueda servir a
alguien. El tono general de las historias de este foro es en general bastante
positivo, y ya os anticipo que voy a romperlo con una historia un poco más dura
y triste.
Empecemos por el principio: Como tantos niños cuyo padre fuma, me pasé la
infancia dándole la brasa para que lo dejara: “¿Pero no ves en la tele lo malo
que es, papá?” Y como suele pasar en estos casos, el padre no hace ni caso al
hijo y seguía metiéndose 2 paquetes y medio al día, pero por lo menos hubo un
golpe de suerte: Un invierno, pilló una gripe que le hizo estar 2 semanas en la
cama con fiebre alta. Ahora estoy seguro de que la gripe le duró tanto por lo
degradadas que estaban sus vías respiratorias. Después de estas 2 semanas sin
fumar, se volvió a encender un cigarro y al darle una calada, le supo tan mal
que dijo: “Como no lo deje de ésta, ya no lo dejo jamás”. Dicho y hecho: hace 21
años, cuando él tenía 42, dejó de fumar. Ahora reconoce que si hubiera seguido
fumando, es muy probable que ya no estuviera aquí.
Gracias a los vericuetos de la estupidez humana (que son muchos y muy diversos),
yo empecé a fumar de adolescente, más exactamente a los 17 años. Los motivos por
los que lo hice, son las chorradas que conocéis: Te sientes más mayor, es una
buena excusa para vencer tu timidez y acercarte a las chicas, etc…
Durante años fui un fumador feliz, que consumía un paquete al día y no me
planteaba dejar de fumar. Eso sí, al llegar los 30, empezaron a aparecer en mi
cabeza las primeras señales de alarma: “Me ahogo al subir las cuestas”, “Los
resfriados me duran un montón” y otras que seguro que también conocéis. Aún así,
estas señales normalmente necesitan un detonante para activarse.
En mi caso, el detonante llegó el viernes 9 de julio: Tras recoger una serie de
pruebas médicas, a mi padre le diagnosticaron un cáncer a los 63 años. Un cáncer
de riñón que se le está empezando a extender por los pulmones. En honor a la
verdad, no creo que haya que echarle toda la culpa al tabaco que se fumó, ya que
es pintor de coches y gracias a pinturas y disolventes, ha estado toda su vida
respirando mierdas cancerígenas, sin mascarilla, eso sí, porque cuando el era
joven esas cosas no existían y nunca consiguió acostumbrarse…
Al recibir la noticia, del estado de nervios en que me puse, me fumé 4 ó 5
cigarros seguidos de forma compulsiva, no porque me apetecieran. Y en unas
horas, se abrió paso en mi mente este razonamiento: “Roberto, tu abuelo paterno
murió de cáncer (aunque a los 83 años), tu padre tiene cáncer, estás jugando a
la ruleta rusa y no con una bala en el tambor, sino con varias”.
Así que casi sin proponérmelo, de golpe y porrazo, y gracias al sentimiento de
culpa, me encontré fumando 2-3 cigarros al día. Decidí mantenerlo unos días para
empezar a sentir el mono y dejar de ser un "fumador feliz" y sentirme como un
yonqui, pues es un paso absolutamente imprescindible para dejar de fumar. Si
podía fumar 3 al día, podía fumar sólo 2, y si podía fumar sólo 2, podía fumar
sólo 1, y el siguiente paso, está claro, fue dejar de fumar.
Apagué mi último cigarro el 15 de julio a eso de las 5 de la tarde, así que
llevo algo más de 10 días sin fumar, lo cual, según el SilkQuit me ha reportado
un ahorro de 27€ y he ganado casi 17 horas de vida. No digo que haya sido un
camino de rosas, pues ya sabéis que el monstruo ruge y patalea cuando se ve en
peligro, y de vez en cuando todavía lo siento dentro, pero ya le queda poco...
Dos últimos apuntes:
1. No sabéis la sonrisa con la que mi madre dice "Mi hijo ha dejado de fumar".
En un momento como el que estamos viviendo, que la mujer se lleve una alegría no
tiene precio...
2. Mi novia también se ha alegrado mucho de mi decisión. Me dice: "No sabes la
impotencia que se siente al ver a la persona a la que quieres suicidarse
lentamente, y eso ahora va a cambiar, pero macho, ya te vale que hayas
necesitado un 'estímulo' así para dejarlo". En efecto, esto es lo único que me
duele: Que una buena decisión tenga que venir por un motivo tan doloroso...
Bueno, pues un saludo muy afectuoso a todos, perdón por el rollo, pero me ha
sentado muy bien escribir todo esto...